A medida que pasan las horas despiertos, aumenta la presión por dormir. Una de las que participa en ese proceso es la adenosina, que se va acumulando mientras estamos despiertos y ayuda a aumentar la señal de sueño. La cafeína tiene una estructura que le permite ocupar receptores donde normalmente actuaría la adenosina, especialmente receptores A1 y A2A. Al bloquearlos, la señal de cansancio se percibe menos.
Eso no significa que el cansancio haya desaparecido. Es más parecido a bajar el de una alarma que a recargar una . Cuando la cafeína se metaboliza, la presión de sueño que se había acumulado puede hacerse evidente de nuevo.
La cafeína también modifica indirectamente otros sistemas cerebrales, entre ellos vías relacionadas con y . Por eso puede mejorar la vigilancia y la sensación de energía, pero también producir nerviosismo, temblor, palpitaciones o dificultad para dormir, especialmente con dosis altas o en personas sensibles.
Con el consumo habitual puede aparecer tolerancia a algunos efectos, pero no de la misma en todas las personas ni para todos los efectos de la cafeína. Si alguien que la consume regularmente reduce mucho la dosis o la suspende de golpe, pueden aparecer síntomas de abstinencia como dolor de cabeza, , fatiga, irritabilidad o dificultad para concentrarse.
Un ejemplo: imagina que la adenosina es alguien que va colocando notas de “necesitas descansar” en el cerebro. La cafeína no elimina las notas; temporalmente ocupa algunos de los lugares donde esas notas se leen.
Por qué llegamos a esta respuesta: a dosis habituales, el bloqueo de receptores de adenosina es el con mejor respaldo. Existen otros efectos de la cafeína, pero muchos requieren concentraciones mayores que las alcanzadas normalmente después de una taza de café. Por eso no los presentamos como explicación principal.