No todas las cosquillas son iguales. Los investigadores distinguen entre una sensación ligera, como una pluma o un insecto sobre la piel, y las cosquillas intensas que provocan risa, movimientos involuntarios y ganas de apartarse.
Las segundas son especialmente extrañas. Suelen aparecer en zonas concretas —costados, axilas, plantas de los pies— y dependen mucho del contexto. La misma puede resultar divertida, molesta o nada especial según quién la haga y si la esperas.
Una pista importante es que normalmente nos resulta muy difícil provocarnos a nosotros mismos las cosquillas intensas que otra persona puede producir. El cerebro predice las consecuencias sensoriales de nuestros propios movimientos y suele atenuar parte de esas sensaciones. Cuando otra persona nos toca, esa predicción es menos exacta y la respuesta puede ser mayor. Pero esta idea de “predicción sensorial” no explica por completo por qué existen zonas especialmente sensibles ni cuál sería la función evolutiva de la risa por cosquillas.
Un ejemplo: intenta tocarte el costado exactamente donde otra persona consigue hacerte reír. Sientes la presión, pero normalmente no provoca la misma reacción. El estímulo físico no es tan diferente; lo que cambia es cuánto puede anticiparlo tu cerebro.
Lo que sigue abierto: revisiones recientes subrayan que la neurociencia todavía no tiene una teoría que explique satisfactoriamente todas las características de las cosquillas intensas. Incluso la idea popular de que la risa significa necesariamente placer es dudosa: una persona puede reír y al mismo tiempo querer que la dejen de tocar.
Por qué llegamos a esta respuesta: aquí la incertidumbre es importante. Hay plausibles y sobre la predicción de nuestros propios movimientos, pero decir “las cosquillas sirven para X” sería ir más allá de lo que sabemos.