Correr hace que los músculos aumenten rápidamente su consumo de energía. Para producir gran parte de esa energía utilizan oxígeno y generan dióxido de carbono como uno de los productos que el cuerpo debe eliminar.

Los pulmones no “jalan” directamente el oxígeno hasta los músculos. Primero entra aire a los pulmones. Allí, el oxígeno pasa a la sangre y el dióxido de carbono sale de la sangre hacia el aire que vamos a exhalar. Después el corazón mueve la sangre para llevar oxígeno a los .

Cuando hacemos ejercicio, el cerebro y distintos del cuerpo ajustan la respiración. Aumenta la cantidad de aire que movemos por minuto, tanto porque podemos respirar más veces como porque cada respiración puede ser más profunda.

Ejemplo: si una fábrica aumenta mucho su producción, necesita recibir más primas y retirar más desperdicios. Los músculos durante el ejercicio tienen una necesidad parecida, y el sistema respiratorio y circulatorio aumenta su “transporte”.

Curiosamente, la respiración puede empezar a aumentar casi al mismo tiempo que comienza el ejercicio, antes de que cambien mucho los gases en la sangre. Eso muestra que el cerebro anticipa parte de la demanda al iniciar el movimiento.

A medida que el esfuerzo sube, también aumentan químicas relacionadas con dióxido de carbono, acidez y metabolismo que ayudan a ajustar la ventilación.

Un detalle: sentir que respiramos muy rápido no significa automáticamente que “nos falte oxígeno”. En una persona sana durante ejercicio normal, la respiración aumenta precisamente para acompañar el trabajo del cuerpo.

Por qué llegamos a esta respuesta: está bien establecido que ejercicio, ventilación pulmonar, circulación y consumo de oxígeno aumentan de manera coordinada. El control exacto es complejo, pero la razón general es mantener el intercambio de gases adecuado para el nivel de actividad.