La pupila parece un círculo negro, pero en realidad es una abertura. Está en el centro del iris, la parte coloreada del ojo.
Dentro del iris hay que cambian el tamaño de esa abertura. Cuando hay mucha luz, la pupila se hace más pequeña. Así entra menos luz y se evita saturar demasiado la , que es la capa sensible a la luz situada al fondo del ojo.
Cuando el ambiente está oscuro, la pupila se hace más grande y deja entrar más luz. Eso ayuda a aprovechar mejor la poca iluminación disponible.
Ejemplo: una cámara puede usar una abertura que se hace mayor o menor para controlar la cantidad de luz que llega al . El ojo no funciona exactamente igual que una cámara, pero la comparación ayuda a entender el papel del iris y la pupila.
La pupila también puede cambiar por otras razones. La , algunas emociones y ciertas del pueden hacerla variar un poco. Por eso su tamaño no es solamente un medidor de luz.
Cuando iluminas un ojo, normalmente ambas pupilas responden. Eso ocurre porque los nerviosos que procesan la señal luminosa se conectan con los dos ojos.
Un detalle: al entrar en una habitación oscura, no vemos perfectamente de inmediato aunque las pupilas se abran. La retina también necesita tiempo para ajustar su sensibilidad. Esa adaptación tarda más que el simple cambio de tamaño de la pupila.
Por qué llegamos a esta respuesta: el de la pupila ante la luz está muy bien establecido. Es una respuesta automática controlada por el iris y por circuitos nerviosos que ayudan al ojo a trabajar en condiciones de iluminación muy diferentes.