Un aire acondicionado trabaja con el mismo principio general que un refrigerador: mueve calor desde un lugar donde no lo queremos hacia otro.
Dentro de la vivienda hay un intercambiador llamado evaporador. Un refrigerante frío circula por él. El aire de la habitación pasa sobre esa superficie y entrega parte de su calor al refrigerante. El aire, ahora más frío, vuelve a la habitación.
El refrigerante sale como y llega al , que aumenta su presión y . Luego pasa al condensador, normalmente situado fuera. Allí libera calor al aire exterior y vuelve a convertirse principalmente en .
Después atraviesa un dispositivo de expansión que baja su presión y temperatura, y el ciclo comienza otra vez.
Ejemplo: por eso la unidad exterior expulsa aire caliente. No es calor “creado porque sí”: contiene el calor retirado de la casa más la que el equipo utiliza para hacer funcionar el ciclo.
El sistema también reduce . Cuando aire húmedo toca la superficie fría del evaporador, parte del de agua se condensa y se recoge como líquido. Por eso un aire acondicionado puede hacer que una habitación se sienta más cómoda incluso sin bajar muchísimos grados.
Un termostato mide la temperatura y decide cuándo hace falta operar el sistema. Equipos modernos pueden ajustar su potencia de forma gradual.
¿Y una bomba de calor? Usa un muy parecido, pero puede invertir el sentido para mover calor hacia el interior durante el invierno.
Por qué llegamos a esta respuesta: la por de vapor está bien establecida. El término “hacer frío” es cómodo, pero físicamente el aparato está transfiriendo energía térmica desde el interior hacia el exterior.